19 de julio de 2009

Gotas de memoria

-Doña Luisa ha estado muy desmejorada... Ya ni siquiera nos mira cuando le hablamos.
Sólo vemos su mirada perdida en el horizonte, ya no es la mujer alegre que era antes...

-Mamá, ¿sabes que Alejandro pronto se graduará de la universidad? Ay, ese niño es una eminencia, mira que ser aceptado en el posgrado antes de terminar la licenciatura...

-Si abuela, y yo pronto me casaré con Martín, y nos mudaremos a París. No sabes que feliz soy! Me ha regalado un anillo con un diamante tan grande!


Y la abuela, sentada en una vieja mecedora de de madera que rechinaba cada vez que se balanceaba de un lado para otro, miraba fijamente la ventana, como si algo quisiera encontrar que le regresara sus anos de felicidad.

-Mamá, atiende acá mamá, ¿nos estás escuchando?

-Abuelita, ¿te acuerdas cuando te desvelabas conmigo, hasta que terminara mis odiosos deberes de la escuela? ¿Te acuerdas de la gata blanca que se paraba en la ventana, y que mamá tanto detestaba? ¿Te acuerdas que hasta le escogiste un nombre?

Y la abuela asintió despacio con la cabeza, mientras devoraba desesperadamente una galleta de mantequilla, con lo que una vez hubieron sido dientes.

-¿Sabes mamá? Esperamos que tengas una feliz navidad, nosotros tenemos ya que irnos a tener la nuestra. ¿Hacen buenos guisados aquí en este lugar, no?

-Si abue, esta noche me pondré un vestido negro con lentejuela, tengo que verme como una reina para la foto familiar. Es una pena en realidad que tu no vas a estar.

-Es hora de irnos, madre. Y no te quedas sola, recuerda que tienes la compañía de tanta gente como tú. Ah, olvidaba decirte, doña Estelita, la viuda del sastre te manda besos.

Mientras es resto de la familia se apresuraban a salir de aquel cuarto con un detestable olor a viejo, Fabiana, la menor, quien habia estado observando con embarazo la escena, se inclinó hacia la pobre anciana.

-'Muñequita linda,
de cabellos de oro,
de dientes de perla,
labios de rubí' ¿Te acuerdas abuelita, que no me podía dormir sin que me cantaras esa
canción? ¿Te acuerdas?

Fabiana besó a la anciana, vieja, medio sorda y medio ciega. Con apariencia sucia, y aliento fétido. Sin dientes ya y con unos cuantos cabellos blancos que le quedaban en su una vez poblada y lozana cabellera.

Ya a lo lejos, era imposible distinguir entre la lluvia. ¿O sería en realidad que la abuela lloraba?

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