A Evangelina le encanta soñar. Le encanta pasearse por los rincones de la casa probándose hermosos vestidos; soñando que un día encontrará un príncipe azul que felizmente la desposará. Evangelina vive en un mundo de hadas y duendecillos, de historias que sólo son posibles en los cuentos para niños. Pero también le gusta jugar a ser grande. Y ay de ella!, donde la abuela le descubra en sus juegos con el mozo de Joaquín.
A Evangelina le gusta entretenerse con su juego de té, pero que sea con especias indias y bizcochos de verdad. También le gustan las perlas, los diamantes y las esmeraldas. Los perfumes caros y el carmín de mamá. Lo que ahora detesta es jugar a las muñecas, pues ella que antes lo hacía con finas muñecas de mejillas rosadas y porcelana, ahora tiene que hacerlo con una de carne y hueso.
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