Traté de pensar en diferentes formas de escribir este post, porque ese es mi propósito, presentar cachitos de realidad en una forma más palatable. Pero en esta ocasión no se me ocurrió nada para presentar mi historia en una forma menos cruda, menos ultrajante. Una realidad que ofende y que da pena, que es capaz de enrabiar hasta al más santo. Cuando comencé a escribir este blog, nunca tuve cómo propósito criticar ni al gobierno ni a las instituciones públicas; simplemente la política no es algo que se me da muy bien.
La injusticia social es algo de lo que he estado consciente desde que tengo uso de razón. Simplemente la palabra injusticia me molesta, y el uso de la misma en una sociedad puede resultar desastroso. El hecho de que unos pocos tengan mucho y que muchos tengan muy, pero muy poco es un problema con el que varios países en vías de desarrollo han tenido que lidiar desde siempre.
Y uno de ellos es México. Y me refiero particularmente a este país porque ahí fue donde crecí, donde he pasado memorables momentos, donde conocí a mucha gente buena, y donde tengo a mi familia y a gran parte de mis amigos. Y es por ello que me entristece profundamente la terrible situación por la que la sociedad mexicana está atravesando.
Hace varios días, un comando armado de una ciudad conocida por sus altos índices de violencia, invadió una institución educativa asesinando a varios estudiantes, entre ellos un hijo de un amigo cercano de la familia. Un joven estudiante, a punto de graduarse de la universidad vio truncados sus sueños gracias al crimen organizado. Una persona llena de vida y de ilusiones, una persona que fácilmente pude haber sido yo.
¿Qué respuesta se le da a los padres de este joven? ¿Con qué razones qué se justifica su asesinato, y el de miles de personas inocentes que han muerto en nombre de una lucha inútil contra el narcotráfico? ¿Qué se necesita hacer para que hechos lamentables como éste dejen de suceder?
La respuesta es bastante complicada, puesto que éste es un problema de raíz. Se dice que el propósito de un buen gobernante es el poder rendirle cuentas al pueblo por el trabajo realizado. Y un gobierno es el pueblo unido para el bien común, porque como seres sociales necesitamos vivir en sociedad para evitar matarnos los unos a los otros. Entonces me pregunto, ¿de qué nos sirve un gobierno que no está cumpliendo con su propósito más fundamental?
Aunque tal vez el problema sea más profundo de lo que pensamos. La familia es la base de la sociedad, donde deben de asentarse los prinicipios y valores universales que rigen a todo ser humano. Si bien no del todo perfecta, una familia debe permitir a un individuo desarrollarse plenamente en una sociedad, siéndole útil a la misma para fomentar el bien común. El bien común debe ser el propósito de un gobierno. Si la familia falla, la sociedad falla. Si la semilla no ha sido plantada, el árbol simplemente no crece. Y este es el problema que no solamente está acabando con la sociedad mexicana, sino con el mundo entero.
Y es en el núcleo familiar donde se desarrolla la corrupción, la violencia, la avaricia; pero es también en la familia donde se siembran los principios fundamentales para que la sociedad pueda vivir en armonía. Decía Gandhi: 'Ojo por ojo, y el mundo se quedará ciego,' y es bien sabido que la violencia sólo puede engendrar más violencia, al punto de llevar a una nación entera al declive. Y como mencioné anteriormente, puedo no saber mucho de política, pero sí se que para rescatar nuestra sociedad debemos primero analizar los cimientos que la construyen.
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4 de noviembre de 2010
3 de septiembre de 2009
Animales
Evolucionas a lo largo de los siglos, dejas de caminar encorvado y aprendes a usar herramientas con las manos. Ya no caminas más con los pies descalzos, y hasta escuchas canciones de Shakira en tu iPod. No, tú y ellos no pertenecen al mismo reino. Tú eres superior, tú eres capaz de articular correctamente las palabras y de decir cosas coherentes. Tú creas aparatos que van hasta el espacio y llegan hasta las estrellas. Tú construyes edificios que te aíslan del sufrimiento ajeno; proteges a tus críos con el celo de un animal feroz, pero tú, tú no eres igual que ellos. Tú matas por placer y envenenas el alma de los tuyos. Destruyes a tu raza y te encargas de echarle lodo a tu pasado. Por las venas te corre el deseo de poder que utilizas para destruir tus ciudades. Ignoras quién eres y olvidas que es lo que te trajo aquí...Tal vez hayan sido los millones de años que esperaste para estar aquí. Tal vez hayan sido las veces que pisaste a los otros para ser el primero en el camino. Tal vez te deslumbró la carne y los deseos mundanos. Tal vez sea que no eres más que un simple humano.
20 de junio de 2009
Ojitos de mezclilla
Me acerqué despacio hacia ella, me tomó la mano y la colocó sobre su corazón.
---¿Puedes oírlo?-- Me dijo, dibujando una sonrisa amplia en su boca. -- Eso significa que aún tiene vida, aunque a veces late al ritmo que le place... Pero pronto me traerán uno mejor, ¿verdad?--
Yo no dije nada, sólo asentí con la cabeza y le regresé una sonrisa de falsa aprobación.
Al día siguiente, dos enfermeras entraron a su cuarto como cada mañana desde hacia, Dios, desde hacia ya varios meses. Una de las enfermeras revisó los signos vitales, mientras que la otra se encargaba de arreglar su cama y ayudarle a tomar un baño, que con el paso de los meses, una actividad tan normal para cualquier ser humano resultaba agotadora para ella. Sus pasitos eran lentos y cansados; yo observaba su figura frágil y pequeña y, aunque trataba de animarla y ponerme mi disfraz de todo va a estar bien, por dentro estaba deshecha. El sólo hecho de pensar que aquella niña tan delicada, como sacada de cuento, no podría vivir su vida de ensueño... Mis ojos se llenaban de lágrimas al ver como se me iba, como el reloj que desgasta las horas que no vuelven más.
--- ¿Mamá?-- me dijo con su vocecita quebrada. --- ¿Tu sabes como es Dios?---
Su pregunta hizo que se me formara un nudo en la garganta, pues nadie mejor que yo sabía que encontrar un corazón de su tamaño era muy remoto, y que lo inevitable podría ocurrir en cualquier momento. Ya había sido sometida al defibrilador en varias ocasiones, y el médico nos había adelantado que probablemente su corazoncito no resistiría otra vez más, y que por ende había que estar preparados para la despedida. ---Hmm, pues se dice que Dios es un ser muy bueno y lleno de amor, pero en realidad no se sabe cómo es porque nadie nunca lo ha visto--- Respondí, aunque no muy convencida de lo que decía, pues yo había perdido mi fé el día que Maggie había caído enferma, y dudaba aún de que tal Dios existiera. ¿Cómo podía un Dios así permitir que una niña tan buena e inocente como mi Maggie se estuviera muriendo? ¿Qué había hecho ella para merecerse algo así? Buscaba inútilmente respuestas a mis preguntas, pero no las encontraba. --- Pues yo ya lo he visto--- me dijo Maggie, muy convencida y feliz. --- ¿Y sabes una cosa? Tiene ojitos de mezclilla.---
La señora de la limpieza pasaba cada tarde, alrededor de las seis, a la hora que Maggie veía sus caricaturas de Bob Esponja y tomaba su cena. Era un viernes, y la mujer no pasó por el cuarto de Maggie, pero en su lugar, mandaron a un buen hombre, que se veía cansado al caminar. En ese momento, mi celular empezó a timbrar y me apresuré a salir del cuarto para tomar la llamada. Era el doctor Ibáñez, para informarnos que había un corazón disponible para Maggie.
Una vez que terminó de limpiar, el hombre salió del cuarto y lo menos que pude hacer fue devolverle una sonrisa de gratitud, y al observar su rostro arrugado, me dí cuenta que tenía unos ojos de un azul brillante, que no correspondían con la edad que aparentaba. Sentí una calma que desde el día que Maggie enfermó no había sentido.
No sé si ese hombre era hombre era el mismo que Maggie vio, y que en su imaginación confundió con Dios. No lo sé. Lo que si sé, es que a través de la enfermedad de mi Maggie, volví a ser un ser humano, y no un robot que hace las cosas automáticamente. Volví a ver la alegría en las cosas pequeñas, y a atesorar los buenos momentos. Ese hombre, con los ojitos de mezclilla, me había devuelto a mi Maggie, pero sobre todo, me había devuelto la fé.
Inspirado en el libro "A Change of Heart" de Jodi Picoult
---¿Puedes oírlo?-- Me dijo, dibujando una sonrisa amplia en su boca. -- Eso significa que aún tiene vida, aunque a veces late al ritmo que le place... Pero pronto me traerán uno mejor, ¿verdad?--
Yo no dije nada, sólo asentí con la cabeza y le regresé una sonrisa de falsa aprobación.
Al día siguiente, dos enfermeras entraron a su cuarto como cada mañana desde hacia, Dios, desde hacia ya varios meses. Una de las enfermeras revisó los signos vitales, mientras que la otra se encargaba de arreglar su cama y ayudarle a tomar un baño, que con el paso de los meses, una actividad tan normal para cualquier ser humano resultaba agotadora para ella. Sus pasitos eran lentos y cansados; yo observaba su figura frágil y pequeña y, aunque trataba de animarla y ponerme mi disfraz de todo va a estar bien, por dentro estaba deshecha. El sólo hecho de pensar que aquella niña tan delicada, como sacada de cuento, no podría vivir su vida de ensueño... Mis ojos se llenaban de lágrimas al ver como se me iba, como el reloj que desgasta las horas que no vuelven más.
--- ¿Mamá?-- me dijo con su vocecita quebrada. --- ¿Tu sabes como es Dios?---
Su pregunta hizo que se me formara un nudo en la garganta, pues nadie mejor que yo sabía que encontrar un corazón de su tamaño era muy remoto, y que lo inevitable podría ocurrir en cualquier momento. Ya había sido sometida al defibrilador en varias ocasiones, y el médico nos había adelantado que probablemente su corazoncito no resistiría otra vez más, y que por ende había que estar preparados para la despedida. ---Hmm, pues se dice que Dios es un ser muy bueno y lleno de amor, pero en realidad no se sabe cómo es porque nadie nunca lo ha visto--- Respondí, aunque no muy convencida de lo que decía, pues yo había perdido mi fé el día que Maggie había caído enferma, y dudaba aún de que tal Dios existiera. ¿Cómo podía un Dios así permitir que una niña tan buena e inocente como mi Maggie se estuviera muriendo? ¿Qué había hecho ella para merecerse algo así? Buscaba inútilmente respuestas a mis preguntas, pero no las encontraba. --- Pues yo ya lo he visto--- me dijo Maggie, muy convencida y feliz. --- ¿Y sabes una cosa? Tiene ojitos de mezclilla.---
La señora de la limpieza pasaba cada tarde, alrededor de las seis, a la hora que Maggie veía sus caricaturas de Bob Esponja y tomaba su cena. Era un viernes, y la mujer no pasó por el cuarto de Maggie, pero en su lugar, mandaron a un buen hombre, que se veía cansado al caminar. En ese momento, mi celular empezó a timbrar y me apresuré a salir del cuarto para tomar la llamada. Era el doctor Ibáñez, para informarnos que había un corazón disponible para Maggie.
Una vez que terminó de limpiar, el hombre salió del cuarto y lo menos que pude hacer fue devolverle una sonrisa de gratitud, y al observar su rostro arrugado, me dí cuenta que tenía unos ojos de un azul brillante, que no correspondían con la edad que aparentaba. Sentí una calma que desde el día que Maggie enfermó no había sentido.
No sé si ese hombre era hombre era el mismo que Maggie vio, y que en su imaginación confundió con Dios. No lo sé. Lo que si sé, es que a través de la enfermedad de mi Maggie, volví a ser un ser humano, y no un robot que hace las cosas automáticamente. Volví a ver la alegría en las cosas pequeñas, y a atesorar los buenos momentos. Ese hombre, con los ojitos de mezclilla, me había devuelto a mi Maggie, pero sobre todo, me había devuelto la fé.
Inspirado en el libro "A Change of Heart" de Jodi Picoult
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