11 de abril de 2009

Los verdes años

---Entonces, que es lo que quieres?--- dijo Alison.
Se detuvo junto al grosellero de la entrada y se me quedó mirando.
---Quiero que estemos juntos--- murmuré---. Tu y yo solos. Todo lo que quiero es cogerte de la mano… con tal de estar cerca de ti….
Y me interrupio, murmurando unas palabras incoherentes. Cómo podia decirle lo que deseaba, cuando mis emociones eran tan confusas, mis deseos tan dolorosamente turbadores?
Ella pareció conmoverse; sonrió vacilante.
---Te cansarías de tenerme cogida de la mano.
---Nunca, te lo juro.
Y para probárselo, cogí sus dedos entre los míos. El corazón me latía locamente.
---Oh, Alison!---gemí.
Ella no se retiró. Sus labios rozaron un instante mi mejilla.
---Toma--- me sonreía tranquilamente, en la oscuridad ---. Buenas noches. Se apartó de mí, y sujetando los extremos de su chal bajo su barbilla, echó a correr hacia la casa.
Yo permanecí un largo rato en la oscuridad, después de que se hubo marchado, luchando entre la desilusión y la alegría. Con toda seguridad iba a salir al porche para decirme que entrara. Había sido un estúpido no aceptando ante su invitación; ahora la aceptaría gustoso.
Pero no salió. Mi alegría fue desvaneciéndose gradualmente; me subí el cuello de la chaqueta y me alejé lentamente de allí, deteniéndome varia veces para mirar la iluminada ventana de su casa. Al llegar a la esquina, el viento me azotó con fuerza. Alison tenía razón. La noche era húmeda y helada.

Fragmento tomado del libro "Los verdes años" por A.J. Cronin

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