30 de abril de 2009

Asuntos de poca importancia

Las cosas que en un principio habían sido lo más importante para mí, de un momento a otro dejaron de serlo. Ya no era relevante si algún día me convertiría en un gran abogado, o en un prestigiado médico, como tú siempre lo hubieras querido. Ya no importaba si algún día encontraría una buena mujer y formaría una familia con ella. De hecho, ya tampoco importaría si tendrías la suficiente plata para pagarme mi costosa universidad, que como chico de buenas familias estaba obligado a asistir. Ya no importaba si alguna vez me habías reprendido por haber manejado ebrio, o si lo habías hecho por no haber aprobado alguna de mis asignaturas...

Ahora todo eso carecía de importancia. Así como tampoco era relevante que no hubieras estado allí el día de mi primera comunión, o el día que la pequeña Lucía perdió su primer diente, o cuando necesité tu consejo para acercarme a Valeria...

Ni cuando mamá lloraba porque no sabía que haría con un muchacho tan testarudo como yo...
Ni cuando yo necesitaba a ese amigo fiel en quién poder confiar mis penas y alegrías...

Ahora yacías ahí, atado a una cama de hospital, y te veías tan diferente a aquel hombre rudo que una vez conocí...

Me duele pensar que Lucía jamás tendrá a quien la tome por el talle y la llame ''mi princesa''...

Pero sabes algo, papá? Aunque no haya sido el mejor hijo, tampoco me corresponde juzgar si tu vida fue intachable o no.
Verte a los ojos es suficiente para comprender la ironía de la vida.

Me aterra el hecho de pensar que mamá estará sola, como siempre, una vez más...
Pero a la vez que mi carne se eriza y en mi garganta se hace un nudo, no puedo concebir el hecho de que, aunque una vez atareado con tus cosas, nunca más podrás escucharme decirte papá.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario