7 de junio de 2010
20 de abril de 2010
Flores amarillas
Siempre sentiste una extraña fascinación por esos seres que no se mueven, que te escuchan cuando piensas, que te hablan cuando escuchas. Las cuidabas con esmero, como si de ti dependiera su existencia. Y en una palabra, esa era tu vida, poner en cada cosa que hacias un pedacito de ti, dejabas una huella imborrable de tu presencia. Quiza por eso es tan difícil decir adiós. Porque cuando dejas una parte de ti en cada paso que das, en cada mirada, cada gesto, es imposible mirar atrás y no sentir que se han llevado una parte de lo que has sido.
Y te preguntas porque tiene que ser así, porque todo lo bueno tiene que tener un final. Porque no podemos ser niños siempre y comer helado en el desayuno y caramelos en la merienda. Porque se tiene que ser bueno para poder recibir un premio. Porque se tiene que morir para poder llegar al cielo.
Hay cosas que no entiendo, y que no estoy segura si en realidad quisiera saber. Sólo espero que donde tu vayas, algún día tambien yo ire.

Y te preguntas porque tiene que ser así, porque todo lo bueno tiene que tener un final. Porque no podemos ser niños siempre y comer helado en el desayuno y caramelos en la merienda. Porque se tiene que ser bueno para poder recibir un premio. Porque se tiene que morir para poder llegar al cielo.
Hay cosas que no entiendo, y que no estoy segura si en realidad quisiera saber. Sólo espero que donde tu vayas, algún día tambien yo ire.

7 de abril de 2010
22 de marzo de 2010
Bienvenida, Prima Vera!
"Era realmente maravilloso lo que estaba viendo. En el rincón más lejano del jardín había un árbol cubierto por completo de flores blancas. Todas sus ramas eran doradas, y de ellas colgaban frutos de plata."
Recuerdo que de pequeña solía leer en los libros de texto infinidad de poemas dedicados a la primavera. También recuerdo que en ellos se le hacía alusión a la prima 'Vera,' como si fuera un personaje de cuento. Aunque confieso que las ilustraciones nunca se parecían en lo más mínimo a lo que yo me imaginaba cuando los leía. Mis visiones de tales cuentos siempre parecían ser un poco más extravagantes.
De cualquier manera, la primavera es mi estación preferida del año. Me encanta ver todas las cosas que empiezan a florecer, nacer, crecer, ponerse lindas; todo es una fiesta de colores, olores y sonidos. Es la forma que tiene la naturaleza de reinventarse.
La frase de arriba pertenece a uno de mis autores favoritos, Oscar Wilde. El cuento se llama El gigante egoísta, y lo pueden leer aquí. Me pareció que iba con la ocasión, puesto que nos recuerda cómo hasta los corazones de hielo son capaces de derretirse con un gesto de bondad.
10 de marzo de 2010
Tardes de invierno
Si algo bueno tiene el invierno, es el poder sentir esa sensación de confort que nos da una buena taza de humeante chocolate, o un plato de una deliciosa sopa caliente. Esa sensación de letargo al ver que todas las cosas afuera están como en una especie de pausa, esperando los cálidos rayos de sol que traerá consigo la primavera. En mi rincón del mundo, nuestros inviernos son muy cortos, y rara vez tenemos temperaturas lo suficientemente bajas como para sentarse alrededor de una chimenea encendida. Por eso, en días como hoy en los que precisamente llueve mientras escribo, es una noche perfecta para preparase una buena taza de té caliente y sentarse disfrutar de los últimos días de invierno. En otro tiempo hubiese estado desesperada por que la primavera llegara lo antes posible; hoy me siento a disfrutar las cosas sin tratar de adelantarme a los hechos.
¿A ustedes les gusta el invierno?
¿Qué tal una sopa caliente? Me encantaría decir que estas fotos son de hoy, pero por eso de las prisas les comparto estas fotos de mi cena de días pasados. Sopa de tomate :)
8 de marzo de 2010
Las pequeñas cosas
En ocasiones, la vida nos alcanza y tardamos más en tratar de descifrar lo que ella quiere de nosotros que en disfrutar del viaje. Sí, en ese punto me he encontrado últimamente, de igual forma que me imagino les ha sucedido a ustedes. Si todavía están ahí y siguen pendientes de este blog, les envío un caluroso saludo desde acá. Si eres nuevo a este blog, bienvenido a bordo. Como les decía, he estado un poco ocupada, pero siempre haciendo cosas diferentes (e interesantes) que espero poder compartir con ustedes. Tal vez limite las historias y cuentos un poco, debido a que para poder crear necesito tiempo y una mente despejada, cosas que no ocurrirán tan fácilmente al mismo tiempo. He decidido hacer este espacio un poco más personal, al menos temporalmente. De ahora en adelante les compartiré un poco de situaciones interesantes, divertidas y tristes que ocurren en el lugar menos inesperado. Como cuando caminamos por la calle y sonreímos sin motivo aparente alguno, porque recordamos a alguien, o a algún momento que nos hizo feliz. ¿Les ha pasado? Espero compartirles esas pequeñas cosas que ocurren en nuestro diario caminar y que nos hacen ser quienes somos y estar donde estamos. Porque son las pequeñas cosas las que hacen una gran vida.
Me encantaría saber tu opinión acerca de los cambios a este blog. Tengo varias cosas en mente, pero se las iré haciendo saber poco a poco. Por lo pronto díganme:
¿Cuáles son las pequeñas cosas que llenan tus días?
22 de febrero de 2010
Nostalgia
"Yo quisiera saber, continuaba diciendo en voz muy baja, voz de misterio, si hay alguien capaz de explicarme por qué se experimenta aquí, en este sitio, esta nostalgia, nostalgia que he sentido todos los días de mi vida y que se insinúa en el pecho de todos los moradores de la isla. Yo quisiera saber si alguno ha comprendido que esta languidez proviene, simplemente, de que la isla entera es una mariposa que suspira por sus alas..."
Selma Lagerlof
Hay cosas tan simples como un atardecer que son capaces de despertarnos recuerdos, de remontarnos a esos buenos momentos. Yo por mi parte, extraño los inviernos fríos y cubiertos de nieve, donde los árboles no florecen sino hasta marzo.
A ti, ¿qué te causa nostalgia hoy?
14 de febrero de 2010
1 de enero de 2010
El concierto
- Me gusta este final,- se dijo una vez que había terminado de escribir las últimas notas. Las repasó una vez más sobre las brillantes teclas de su Steinway, que había mandado traer exclusivamente de la mejor casa manufacturera de Hamburgo para practicar sus nuevas obras de arte. Era un piano magnífico, del mejor ébano que se puede conseguir en tierras europeas. Su enorme cola iba perfectamente con la majestuosidad de semejante instrumento; imponente, como armónicos golpes de martillo que resonaban sobre las teclas de hechura bávara. Era sin duda alguna, un pianoforte digno de un artista como él.
Pasaba largas horas frente a millares de hojas llenas de pentagramas; unas llenas de corcheas, sostenidos y bemoles; otras vacías, pues sus mejores obras aún estaban por escribirse. Pasaba sus finos y alargados dedos sobre las teclas dicromáticas, y de este modo repetía las notas que resonaban en su cabeza. Si el sonido era de su agrado, se apresuraba a escribirlas sobre su libreta. Si no le gustaba la melodía, se levantaba del banquillo y caminaba como un animal cautivo entre las paredes de su desordenado estudio. Se llevaba las manos a los cabellos, y desperadamente los jalaba, como si tratara de arrancar las últimas gotas de creatividad de su mente. Y así eran sus días. Meses. Así había sido su vida. El insomnio era su compañía por las noches, y por alimento tenía sus breves explosiones de arte.
Si alguien alguna vez le hubiese preguntado cómo hubiese definido su vida en una palabra, seguramente el hubiese respondido con la palabra perfección. Perfección, perfección, perfección. Debía producir la pieza perfecta, la más expresiva, la mejor melodía. Sus delicados dedos, casi parecidos a los de una doncella, en ocasiones sangraban hasta que ya no respondían más al trémulo staccato. En su mente no podía existir cosa alguna que no fuera su música y la perfecta interpretación de la misma.
Y a tal grado llegaba su obsesión que se había olvidado de todo cuanto existía a su alrededor. Estaba aislado de todo contacto humano. La única persona con quien en ocasiones intercambiaba miradas era su ama de llaves, quien cuidaba de él en ocasiones, puesto que al haber derrochado sus ingresos en cosas inútiles, carecía de dinero para sobrevivir. Su única familia, una hermana que vivía en las afueras de la ciudad, rara vez lo visitaba. Él se mostraba siempre frío e indolente con cualquier ser vivo que cruzase por su camino.
Había terminado ya las últimas notas que adornarían su magistral concerto, obra que presentaría en el festival de las artes de la ciudad. Era un festival muy popular, al cual se daban cita los mejores pianistas del mundo y presentaban sus creaciones maestras. Ya podía saborear el éxito de su victoria cuando interpretase el tercer movimiento de su concierto. Imaginaba con placer a la enorme multitud de pie; las damas secando las lágrimas de felicidad con sus finos pañuelos, los caballeros aplaudiendo con admiración. Hasta el mismo Beethoven lo reverenciaría desde su tumba, y Chopin elogiaría sus lúgubres notas. La humanidad no habría conocido mejor pianista que él.
El gran día llegó, y el pianista vistió sus mejores galas. Podía decirse que hasta la flor que llevaba en la solapa combinaba con un día tan perfecto, con ese día tan esperado. El conductor mencionó su nombre y el pianista subió al estrado. Con un reverencia saludó a su público y se sentó muy recto en el banquillo. La orquesta ya estaba lista. Hizo un ademán de esos que hacen los pianistas cuando van a comenzar a tocar. El primer movimiento de su esperado concierto fue una hermosa sonata. Y así continuó, donde todo parecía salir tal y como lo había esperado.
Con una sonrisa en los labios, empezó a deslizar sus delicados dedos sobre las teclas. La música parecía fluir por sus venas y su interpretación era tan limpia y emotiva como la de los grandes virtuosos. Sus arpegios, perfectos; sus múltiples acordes, brillantes. Sus dedos parecían bailar sobre un tablero de ajedrez.
Después de una hora terminó el concierto, y la multitud aplaudió con desgano. No hubieron damas llorando de emoción ni caballeros vitoreando. El pianista había puesto todo su esfuerzo en ese concierto, y si bien había sido algo cercano a lo perfecto, el público no lo apreció de la misma forma.
Hubo niños groseros bostezando, y preguntando a qué hora terminaría semejante aburrimiento. Mujeres gordas abanicándose con los programas y hombres que se levantaban en fila como hormigas para ir al baño. Cuando el pianista se levantó a recibir los leves aplausos, su sonrisa se desvaneció, y casi parecía desfallecer.
La muchedumbre se apresuró a salir del recinto y el pianista se quedó allí, abrazado de su hermoso piano. - En ese concierto acabo de entregar mi vida- murmuró, al tiempo que dos gruesas gotas manchaban el hermoso Steinway. Se quitó la flor de la solapa y recostó su débil cuerpo sobre las teclas, que produjeron una horrible disonancia al instante. Ya nunca más se supo de él. Nadie más volvió a saber de la majestuosidad de sus composiciones.
21 de diciembre de 2009
A veces es bueno llorar
Si en estos momentos estás leyendo mi blog, primero que nada, gracias por tu tiempo. Segundo, si has venido siguiendo mi blog en estos últimos meses, te darás cuenta que no he publicado historias recientemente y que este no es en realidad un blog personal, donde hablo de las intimidades de mi vida directamente. Simplemente me es difícil hablar de cosas personales por este medio, donde cualquiera puede tener acceso a mi vida, pero de cualquier manera al leer un blog (y seguirlo) lo hacemos por la mera razón de que hay algo del autor con lo que nos identificamos o que sencillamente nos llena el ojo. En esta ocasión sentí la imperiosa necesidad de no presentarte otra de mis historias, puesto que tu puedes interpretarlas de la manera que mejor te parezca y adaptarlas a tu vida a tu modo. En esta ocasión yo soy protagonista de mi propia historia, y también quiero hacerte parte de ella.
Estamos en una época del año que a muchos de nosotros nos vuelve un poco más sensibles de lo normal. El año está por terminar y nos toca hacer un recuento de lo bueno y malo, de lo que ganamos y lo que perdimos. Así, tal y como si estuviéramos haciendo el balance de nuestras finanzas personales, donde espero que las ganancias hayan sido mayores que las pérdidas. Pero tu podrás decir, ¿qué es eso de las finanzas personales? Tócate el corazón y pregúntate si eres feliz,si tienes todo lo que necesitas para serlo. Podrás pensar, me faltan regalos para los niños, o me falta un buen vestido para estas fiestas, o estoy lleno de deudas y si las pudiera pagar entonces sería completamente feliz. Pero después están los gastos del año que viene, pagar los odiosos impuestos y blah, blah, blah. Como te darás cuenta, la lista no terminará nunca, porque estamos tratando de recoger ganancias en el banco equivocado. Ese banco puede declararse en bancarrota en cualquier momento, puesto que los bienes son cosas de poco valor. Si, el carro deportivo último modelo que le regales a tu hijo por su cumpleaños es uno de los objetos en el mercado personal que vale unos cuantos centavos. Porque mientras el banco del corazón esté repleto de amor, nunca se girarán cheques sin fondos para un alma sedienta de cariño.
No sé mucho de finanzas en la vida real, pero esta es la mejor analogía que puedo usar en este momento. Estos últimos meses han sido meses de muchas pruebas, de mucho aprendizaje. Pero no me refiero al ámbito académico. Me refiero al aprendizaje que nos da la vida, que por más instrucción formal que tengamos, si tenemos un corazón mal instruido en amor, en perseverancia -en las virtudes humanas esenciales- seguramente estamos destinados al fracaso. Y ¿qué nos queda vivir? Una vida vacía, sin propósito y sin dirección.
Continuando con mi historia... Les decía que lo dejé todo en manos del tiempo, como si el tiempo pudiera resolver mis problemas. Y los meses pasaron, y volví la vista y lo que había dejado sin arreglar seguía ahí, y me estaba esperando. Algunas veces toma una llamada, una carta, una visita, unas cuantas palabras... y todo eso que se venía acumulando desde hace años queda eliminado. Es como deshacerse de toda la basura que guardamos, y que obtengamos un premio a cambio por hacerlo.
Creo que aprendí mi lección. Y si algún día la olvido, espero que alguien esté ahí para recordarme. Usen de pretexto estas fechas para decirle a esa persona lo que sienten; para pedir perdón o para decirle lo mucho que le quieren. No le dejen todo el trabajo al tiempo, pues el tiempo cobra intereses muy caros. No malgasten sus preciosos minutos en cosas que no valen la pena. No esperen a que sea demasiado tarde.
16 de diciembre de 2009
El jardín
Muchas situaciones hubieron de pasar para poder llegar hasta donde estamos. Muchas de ellas jamás las imaginamos posibles, y tantas otras que esperábamos aún están por ocurrir.
Fuimos producto de la semilla plantada en diferentes lugares, pero provenientes de la misma mano.
Crecimos en jardines distintos y nuestros fines fueron diferentes.
Hasta que vine a parar en el borde de tu ventana.
Entonces empecé a ser parte de tu vida, aunque tu de la mía siempre lo habías sido.
No eramos iguales, éramos más bien completamente diferentes.
En el jardín había esas rosas rojas que al instante llaman la atención por su porte y su color.
Pero también tenían espinas.
Del otro lado había dientes de león, frágiles a la vista, capaces de desaparecer ante el más mínimo soplo.
No podía esperar para decirte que había esperado ese momento desde siempre.
Entonces supe que todo ese tiempo algo nos había unido.
Y desde ese momento supe que nuestras vidas serían diferentes.
A veces la gente se encarga de esparcir los pequeños fragmentos del diente de león, a manera de deshacerse de él. Pero no cuentan con que al esparcirlo no desaparece, sino que está siempre presente, por todas partes.
Pero somos hijos de la misma tierra, sembrados por el mismo jardinero.
Y me alegro de haber estado allí cuando volviste con el corazón roto.
Sólo toma mi mano, y confía en que todo estará bien.
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