Si en estos momentos estás leyendo mi blog, primero que nada, gracias por tu tiempo. Segundo, si has venido siguiendo mi blog en estos últimos meses, te darás cuenta que no he publicado historias recientemente y que este no es en realidad un blog personal, donde hablo de las intimidades de mi vida directamente. Simplemente me es difícil hablar de cosas personales por este medio, donde cualquiera puede tener acceso a mi vida, pero de cualquier manera al leer un blog (y seguirlo) lo hacemos por la mera razón de que hay algo del autor con lo que nos identificamos o que sencillamente nos llena el ojo. En esta ocasión sentí la imperiosa necesidad de no presentarte otra de mis historias, puesto que tu puedes interpretarlas de la manera que mejor te parezca y adaptarlas a tu vida a tu modo. En esta ocasión yo soy protagonista de mi propia historia, y también quiero hacerte parte de ella.
Estamos en una época del año que a muchos de nosotros nos vuelve un poco más sensibles de lo normal. El año está por terminar y nos toca hacer un recuento de lo bueno y malo, de lo que ganamos y lo que perdimos. Así, tal y como si estuviéramos haciendo el balance de nuestras finanzas personales, donde espero que las ganancias hayan sido mayores que las pérdidas. Pero tu podrás decir, ¿qué es eso de las finanzas personales? Tócate el corazón y pregúntate si eres feliz,si tienes todo lo que necesitas para serlo. Podrás pensar, me faltan regalos para los niños, o me falta un buen vestido para estas fiestas, o estoy lleno de deudas y si las pudiera pagar entonces sería completamente feliz. Pero después están los gastos del año que viene, pagar los odiosos impuestos y blah, blah, blah. Como te darás cuenta, la lista no terminará nunca, porque estamos tratando de recoger ganancias en el banco equivocado. Ese banco puede declararse en bancarrota en cualquier momento, puesto que los bienes son cosas de poco valor. Si, el carro deportivo último modelo que le regales a tu hijo por su cumpleaños es uno de los objetos en el mercado personal que vale unos cuantos centavos. Porque mientras el banco del corazón esté repleto de amor, nunca se girarán cheques sin fondos para un alma sedienta de cariño.
No sé mucho de finanzas en la vida real, pero esta es la mejor analogía que puedo usar en este momento. Estos últimos meses han sido meses de muchas pruebas, de mucho aprendizaje. Pero no me refiero al ámbito académico. Me refiero al aprendizaje que nos da la vida, que por más instrucción formal que tengamos, si tenemos un corazón mal instruido en amor, en perseverancia -en las virtudes humanas esenciales- seguramente estamos destinados al fracaso. Y ¿qué nos queda vivir? Una vida vacía, sin propósito y sin dirección.
Continuando con mi historia... Les decía que lo dejé todo en manos del tiempo, como si el tiempo pudiera resolver mis problemas. Y los meses pasaron, y volví la vista y lo que había dejado sin arreglar seguía ahí, y me estaba esperando. Algunas veces toma una llamada, una carta, una visita, unas cuantas palabras... y todo eso que se venía acumulando desde hace años queda eliminado. Es como deshacerse de toda la basura que guardamos, y que obtengamos un premio a cambio por hacerlo.
Creo que aprendí mi lección. Y si algún día la olvido, espero que alguien esté ahí para recordarme. Usen de pretexto estas fechas para decirle a esa persona lo que sienten; para pedir perdón o para decirle lo mucho que le quieren. No le dejen todo el trabajo al tiempo, pues el tiempo cobra intereses muy caros. No malgasten sus preciosos minutos en cosas que no valen la pena. No esperen a que sea demasiado tarde.
Tampoco entiendo mucho de finanzas, mujer. Pero tu estilo sentimental y melancólico me gusta, ya lo sabes.
ResponderBorrarTe mando quizá mi último saludo del año, y deseo para ti y los tuyos lo mejor para el año que comienza. Que lo pases feliz, con una sonrisa siempre, que sé que la tendrás.
Se va diciembre, mujer, pero no se acaba el mundo ;)
Y el tiempo muchas veces no resuelve nada...
ResponderBorrarMuchas gracias a los dos.
ResponderBorrarHéctor, creo como que si le di un poco de aire de que se va a acabar el mundo, no? Ya sabes, a veces suelo ser un poco exagerada, pero simplemente sentí la necesidad de expresarlo.
Carlos, he desarrollado una tendencia (de la que no estoy muy orgullosa) de dejar que las cosas se arreglen por sí solas y que el destino haga lo que tiene que hacer. Claro, habrá situaciones que por más que yo trate no podré resolver, como acabar con el hambre en el mundo o que se terminen las guerras. Pero créeme, hay cosas que realísticamente sí están a mi alcance y estoy luchando por ellas.