Siempre sentiste una
extraña fascinación por esos seres que no se mueven, que te escuchan cuando piensas, que te hablan cuando escuchas. Las cuidabas con esmero, como si de ti dependiera su existencia. Y en una palabra, esa era tu vida, poner en cada cosa que hacias un pedacito de ti, dejabas una huella imborrable de tu presencia. Quiza por eso es tan
difícil decir adiós. Porque cuando dejas una parte de ti en cada paso que das, en cada mirada, cada gesto, es imposible mirar
atrás y no sentir que se han llevado una parte de lo que has sido.
Y te preguntas porque tiene que ser
así, porque todo lo bueno tiene que tener un final. Porque no podemos ser
niños siempre y comer helado en el desayuno y caramelos en la merienda. Porque se tiene que ser bueno para poder recibir un premio. Porque se tiene que morir para poder llegar al cielo.
Hay cosas que no entiendo, y que no estoy segura si en realidad quisiera saber.
Sólo espero que donde tu vayas, algún día tambien yo ire.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario