---Mariana, dime qué es lo que pasa. Mira que ya van varias veces que te invito a bailar y tu nomás te inventas uno de tus pretextos baratos y me mandas a volar. ---
---No sé, Omarcito. Será que simplemente se me han acabado las ganas de bailar contigo?---
---Eres igual que todas, eres una ingrata.---
---No te preocupes, lo mismo me han dicho todos, que soy una ingrata.---
5 de julio de 2009
4 de julio de 2009
Ironía
Ironía es cuando el mundo te da la espalda, tú le das la mano.
Es pedirle peras al olmo, y que a cambio te de limones.
Es caminar aprisa, para después lamentar la caída.
Es soñar con el mundo, para despertar a una triste realidad.
Es morir por lo inalcansable, cuando lo posible vive a tu lado.
Es decir 'nunca lo haré,' para después tragarte tus propias palabras.
Es ir contra la corriente, y darte cuenta que estás estancado.
Es saber que diste la vida, y que has muerto en vano.
Es limpiar, para saber que después se va a ensuciar.
Es pedir mucho, y no recibir nada.
Es querer hacer un roto de un descosido.
Es desear no haber encontrado lo que tanto se buscaba.
Es creerse el héroe de la historia, para terminar siendo rescatado.
Es sentarse a esperar a la vida, para que te reciba con un adiós.
Es tener todas las preguntas, pero ninguna de la respuestas.
Es aferrarte a un pedazo de tierra, sabiendo que a ella volverás.
Es ser, y en realidad no ser.
Es querer continuar con este cuento, pero terminarlo porque ya se está volviendo largo.
Es abrazar al perdedor, para que se sienta ganador.
Es querer olvidar, cuando cada día se extraña más.
Es pedirle peras al olmo, y que a cambio te de limones.
Es caminar aprisa, para después lamentar la caída.
Es soñar con el mundo, para despertar a una triste realidad.
Es morir por lo inalcansable, cuando lo posible vive a tu lado.
Es decir 'nunca lo haré,' para después tragarte tus propias palabras.
Es ir contra la corriente, y darte cuenta que estás estancado.
Es saber que diste la vida, y que has muerto en vano.
Es limpiar, para saber que después se va a ensuciar.
Es pedir mucho, y no recibir nada.
Es querer hacer un roto de un descosido.
Es desear no haber encontrado lo que tanto se buscaba.
Es creerse el héroe de la historia, para terminar siendo rescatado.
Es sentarse a esperar a la vida, para que te reciba con un adiós.
Es tener todas las preguntas, pero ninguna de la respuestas.
Es aferrarte a un pedazo de tierra, sabiendo que a ella volverás.
Es ser, y en realidad no ser.
Es querer continuar con este cuento, pero terminarlo porque ya se está volviendo largo.
Es abrazar al perdedor, para que se sienta ganador.
Es querer olvidar, cuando cada día se extraña más.
3 de julio de 2009
Para ti...
Fue cuando en realidad aprendí lo que era la vida...
Y todo porque tú estuviste allí.
No importaba si el camino tenía espinas...
Tú estuviste allí para llenarlo de rosas.
No importaba si otros me daban la espalda...
Tu estuviste allí para llevarme de la mano.
No importaba si mis pasos eran falsos y apresurados...
Tú estuviste allí para levantarme de mis caídas estrepitosas.
No importaba el mar de lágrimas que hubiese derramado...
Tú estuviste allí, como un pañuelo, cercano.
No importaba si el mundo estaba sordo a mi voz...
Tú estuviste allí para escuchar pacientemente.
No importaba cuantas veces no quise escucharte...
Tú estuviste allí, persistente, llamándome.
No importaba cuantas veces me avergoncé y te abandoné...
Tú estuviste allí, defendiéndome orgullosamente.
No importaban las veces en que perdí mi brújula y el camino erré...
Tú estuviste allí para mostrarme el sendero a casa.
No importaba si yo te ignoraba, te mentía o te olvidaba...
Tú siempre estuviste allí para recordarme lo mucho que me amabas.
Ahora no importa si el tiempo pasa y los años pesan...
Tú siempre estarás ahí, para caminar a mi lado.
Y todo porque tú estuviste allí.
No importaba si el camino tenía espinas...
Tú estuviste allí para llenarlo de rosas.
No importaba si otros me daban la espalda...
Tu estuviste allí para llevarme de la mano.
No importaba si mis pasos eran falsos y apresurados...
Tú estuviste allí para levantarme de mis caídas estrepitosas.
No importaba el mar de lágrimas que hubiese derramado...
Tú estuviste allí, como un pañuelo, cercano.
No importaba si el mundo estaba sordo a mi voz...
Tú estuviste allí para escuchar pacientemente.
No importaba cuantas veces no quise escucharte...
Tú estuviste allí, persistente, llamándome.
No importaba cuantas veces me avergoncé y te abandoné...
Tú estuviste allí, defendiéndome orgullosamente.
No importaban las veces en que perdí mi brújula y el camino erré...
Tú estuviste allí para mostrarme el sendero a casa.
No importaba si yo te ignoraba, te mentía o te olvidaba...
Tú siempre estuviste allí para recordarme lo mucho que me amabas.
Ahora no importa si el tiempo pasa y los años pesan...
Tú siempre estarás ahí, para caminar a mi lado.
2 de julio de 2009
Narciso
Los espejos te engañan,
tu reflejo te miente.
No eres quien todos alaban,
no eres ni un simple valiente.
Crees tener el mundo a tus pies
y sueñas con falsa gloria.
Pero tu cabeza está al revés
y así jamás pasarás a la historia.
Empieza ya a echar raíces
en vez de ser ave de mal agüero,
pues sólo serán felices
los que no pretenden desafiar al cielo.
Mira tu falsa hermosura
que el sol un día arruinará,
pues una vez ida la galanura
ni los perros te ladrarán.
Oh, Narciso, escucha al tiempo,
más viejo que diablo, como el refrán,
que cuando lo bueno se ha ido
ya nunca regresará.
tu reflejo te miente.
No eres quien todos alaban,
no eres ni un simple valiente.
Crees tener el mundo a tus pies
y sueñas con falsa gloria.
Pero tu cabeza está al revés
y así jamás pasarás a la historia.
Empieza ya a echar raíces
en vez de ser ave de mal agüero,
pues sólo serán felices
los que no pretenden desafiar al cielo.
Mira tu falsa hermosura
que el sol un día arruinará,
pues una vez ida la galanura
ni los perros te ladrarán.
Oh, Narciso, escucha al tiempo,
más viejo que diablo, como el refrán,
que cuando lo bueno se ha ido
ya nunca regresará.
30 de junio de 2009
Los zapatos rojos
Hace ya tiempo atrás me encontraba yo paseando por un centro comercial, en uno de esos donde abundan las chicas con sus bolsos de diseñador, y maquillaje como de frescos de Rivera. Si, de esas chicas que solo piden ensalada para almorzar, y que sea con aderezo light, por aquello de las calorías. Digo, porque para lograr figuras como esas, dos horas de gimnasio diarias no son suficientes.
Caminé despacio entre el tumulto de gente, pues pronto sería día festivo y las ofertas estaban a pedir de boca por doquier. Debí haber sabido mejor que nadie, que esos no eran los mejores días para ir de compras, pero me fascinaba ver la actitud desenfrenada de los consumidores que pagarían un ojo de la cara por estar a la par con el vecino, comprando la última cháchara del mercado, aunque no sepan ni siquiera para que se usa.
Después entré a una tienda de vestidos, y aunque mi look de 'retrato' me pedía a gritos uno, pensé dos veces en si sería mejor tener al estómago contento o al espejo. Y es que a veces el espejo puede ser muy exigente, y al final, siempre sale uno peleada con el. Luego de probarme varios modelos, decidí que en realidad lo mío, lo mío, no es la moda (cosa que confirmo cada vez que es hora de probarme ropa). Por eso decidí mejor consolarme con un buen trozo de pizza, aunque después me estuviera lamentando porque el espejo y yo no somos los mejores amigos.
Una vez que hube satisfecho mi hambre, mi última parada del día era una zapatería. Eso si, los zapatos no te hacen caras en el espejo, al contrario, puede ser tus mejores amigos a lo largo del día. Me encontraba observando, midiéndome, y pidiendo distintas tallas (como si en realidad fuera a comprar), cuando veo que se acerca una rubia despampanante, hablando por su celular. --Si bebé, la party de anoche estuvo di-vi-na. Ahorita voy saliendo del club y vine a comprarme unos zapatos para la cena de esta noche. Tienen que combinar con el vestido que me regaló tu mami. Y tu, bebé , ya sabes que te tienes que ver hermoso, no?---Lo dijo con una de esas voces nasales que hasta da pereza oír. Probablemente era más información de la que uno necesita saber, pero en esos lugares, había que soportar frecuentemente a gente así. La güera peliteñida se sentó, y le ordenó muy autoritariamente a uno de los empleados de la tienda que le trajera un número 7, ---Pero ya!!---
Los zapatos rojos más sexys que he visto en mi vida venían de la mano del empleado con la sonrisa más bonita, que por estarle poniendo atención a la güera, no había notado. La señorita esta se probó las zapatillas rojas de charol y se miró frente al espejo. Dios, que si se veían bien! Contrastaban perfectas con el color claro de su piel, y realzaban sus torneadas piernas, añadiéndole garbo y altura a su delicada figura. Ella sonrió en aprobación, y el empleado le devolvió una sonrisa aún más amplia. ¿Que qué fue lo primero que pensé después de eso?
¡Tengo que llevarme esos zapatos!
Pedí mi número, me los medí y me apresuré a hacer fila para pagar. Los zapatos no estaban en oferta, pero uno no se encuentra algo asi tan deslumbrante todos los días. Me formé detrás de la rubia, y el olor a su perfume caro ya estaba empezando a marearme. El dependiente le leyó el total, mientras ella añadía un juego de pendientes con su respectivo collar que estaban en el mostrador. Sin soltar ni un minuto su celular de última generación, se apresuró a sacar de su bolso carísimo de París una cartera, que por lo menos costaba una de mis quincenas completas.
--- Disculpe señorita, su tarjeta no pasa---
---¿Que qué?---Dijo la güera, al tiempo que se le deshacía el peinado.
---Aqui tiene esta otra--- dijo ella, extendiéndole una tarjeta de crédito con letras doradas. Yo sólo me limité a ser testigo de tremendo oso, y miraba mis hermosos zapatos rojos, que me dejarían tan pobre como a la güera.
Ella salió muy enojada del lugar, maldiciendo a los mil demonios y a toda la corte celestial, y que si supieran quién su papi y cuentos de esos. En eso me acerco a la caja, y el dependiente me pregunta --- ¿Es todo lo que va a llevar señorita? Déjeme decirle que esos son los zapatos rojos más bonitos que nos han llegado desde que abrimos esta tienda.---
--¿Sabe que, joven? Creo que no se me ven tan bien como a la señorita. No, definitivamente no son de mi estilo.
Y de regreso a casa, me decidí a pasar por mi nevería favorita, que probablemente no está a la altura de peliteñidas, pero que sirve los mejores helados dobles de chocolate bañados en jarabe de fresa.
Caminé despacio entre el tumulto de gente, pues pronto sería día festivo y las ofertas estaban a pedir de boca por doquier. Debí haber sabido mejor que nadie, que esos no eran los mejores días para ir de compras, pero me fascinaba ver la actitud desenfrenada de los consumidores que pagarían un ojo de la cara por estar a la par con el vecino, comprando la última cháchara del mercado, aunque no sepan ni siquiera para que se usa.
Después entré a una tienda de vestidos, y aunque mi look de 'retrato' me pedía a gritos uno, pensé dos veces en si sería mejor tener al estómago contento o al espejo. Y es que a veces el espejo puede ser muy exigente, y al final, siempre sale uno peleada con el. Luego de probarme varios modelos, decidí que en realidad lo mío, lo mío, no es la moda (cosa que confirmo cada vez que es hora de probarme ropa). Por eso decidí mejor consolarme con un buen trozo de pizza, aunque después me estuviera lamentando porque el espejo y yo no somos los mejores amigos.
Una vez que hube satisfecho mi hambre, mi última parada del día era una zapatería. Eso si, los zapatos no te hacen caras en el espejo, al contrario, puede ser tus mejores amigos a lo largo del día. Me encontraba observando, midiéndome, y pidiendo distintas tallas (como si en realidad fuera a comprar), cuando veo que se acerca una rubia despampanante, hablando por su celular. --Si bebé, la party de anoche estuvo di-vi-na. Ahorita voy saliendo del club y vine a comprarme unos zapatos para la cena de esta noche. Tienen que combinar con el vestido que me regaló tu mami. Y tu, bebé , ya sabes que te tienes que ver hermoso, no?---Lo dijo con una de esas voces nasales que hasta da pereza oír. Probablemente era más información de la que uno necesita saber, pero en esos lugares, había que soportar frecuentemente a gente así. La güera peliteñida se sentó, y le ordenó muy autoritariamente a uno de los empleados de la tienda que le trajera un número 7, ---Pero ya!!---
Los zapatos rojos más sexys que he visto en mi vida venían de la mano del empleado con la sonrisa más bonita, que por estarle poniendo atención a la güera, no había notado. La señorita esta se probó las zapatillas rojas de charol y se miró frente al espejo. Dios, que si se veían bien! Contrastaban perfectas con el color claro de su piel, y realzaban sus torneadas piernas, añadiéndole garbo y altura a su delicada figura. Ella sonrió en aprobación, y el empleado le devolvió una sonrisa aún más amplia. ¿Que qué fue lo primero que pensé después de eso?
¡Tengo que llevarme esos zapatos!
Pedí mi número, me los medí y me apresuré a hacer fila para pagar. Los zapatos no estaban en oferta, pero uno no se encuentra algo asi tan deslumbrante todos los días. Me formé detrás de la rubia, y el olor a su perfume caro ya estaba empezando a marearme. El dependiente le leyó el total, mientras ella añadía un juego de pendientes con su respectivo collar que estaban en el mostrador. Sin soltar ni un minuto su celular de última generación, se apresuró a sacar de su bolso carísimo de París una cartera, que por lo menos costaba una de mis quincenas completas.
--- Disculpe señorita, su tarjeta no pasa---
---¿Que qué?---Dijo la güera, al tiempo que se le deshacía el peinado.
---Aqui tiene esta otra--- dijo ella, extendiéndole una tarjeta de crédito con letras doradas. Yo sólo me limité a ser testigo de tremendo oso, y miraba mis hermosos zapatos rojos, que me dejarían tan pobre como a la güera.
Ella salió muy enojada del lugar, maldiciendo a los mil demonios y a toda la corte celestial, y que si supieran quién su papi y cuentos de esos. En eso me acerco a la caja, y el dependiente me pregunta --- ¿Es todo lo que va a llevar señorita? Déjeme decirle que esos son los zapatos rojos más bonitos que nos han llegado desde que abrimos esta tienda.---
--¿Sabe que, joven? Creo que no se me ven tan bien como a la señorita. No, definitivamente no son de mi estilo.
Y de regreso a casa, me decidí a pasar por mi nevería favorita, que probablemente no está a la altura de peliteñidas, pero que sirve los mejores helados dobles de chocolate bañados en jarabe de fresa.
28 de junio de 2009
Epitafio de un poeta
Quiso cantar, cantar
para olvidar
su vida verdadera de mentiras
y recordar
su mentirosa vida de verdades.
para olvidar
su vida verdadera de mentiras
y recordar
su mentirosa vida de verdades.
Octavio Paz
26 de junio de 2009
Mayo
Ya no hay quien me repita que baje los pies de la mesa, ni quien me diga que use los calcetines del color de mis zapatos...
Ya no estás ahí para hacerme reír con tus chistes malos, y obligarme a comer tu sopa de pollo que aunque sabía a rayos, aún así, extraño...
No estás ahí para cantar tus canciones en el carro, y dejar que se te manche la cara con helado...
No estás ahí para ver mi futuro en tu retrato, para hablar de chismes del espectáculo, para contarme como te fue en el trabajo...
Y no estás ahí porque no estés, sino porque no quieres estar. Es más facil ponerte tu disfraz de orgullo que aceptar tus errores con humildad.
Por Dios, contesta ese teléfono y vuelve a casa.
Ya no estás ahí para hacerme reír con tus chistes malos, y obligarme a comer tu sopa de pollo que aunque sabía a rayos, aún así, extraño...
No estás ahí para cantar tus canciones en el carro, y dejar que se te manche la cara con helado...
No estás ahí para ver mi futuro en tu retrato, para hablar de chismes del espectáculo, para contarme como te fue en el trabajo...
Y no estás ahí porque no estés, sino porque no quieres estar. Es más facil ponerte tu disfraz de orgullo que aceptar tus errores con humildad.
Por Dios, contesta ese teléfono y vuelve a casa.
21 de junio de 2009
Besos

la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.
Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.
Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.
Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.
Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.
Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.
Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.
Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.
Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.
Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.
¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenaronsé de lágrimas tus ojos.
¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
y qué viste después...? Sangre en mis labios.
Yo te enseñe a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.
Gabriela Mistral
20 de junio de 2009
Ojitos de mezclilla
Me acerqué despacio hacia ella, me tomó la mano y la colocó sobre su corazón.
---¿Puedes oírlo?-- Me dijo, dibujando una sonrisa amplia en su boca. -- Eso significa que aún tiene vida, aunque a veces late al ritmo que le place... Pero pronto me traerán uno mejor, ¿verdad?--
Yo no dije nada, sólo asentí con la cabeza y le regresé una sonrisa de falsa aprobación.
Al día siguiente, dos enfermeras entraron a su cuarto como cada mañana desde hacia, Dios, desde hacia ya varios meses. Una de las enfermeras revisó los signos vitales, mientras que la otra se encargaba de arreglar su cama y ayudarle a tomar un baño, que con el paso de los meses, una actividad tan normal para cualquier ser humano resultaba agotadora para ella. Sus pasitos eran lentos y cansados; yo observaba su figura frágil y pequeña y, aunque trataba de animarla y ponerme mi disfraz de todo va a estar bien, por dentro estaba deshecha. El sólo hecho de pensar que aquella niña tan delicada, como sacada de cuento, no podría vivir su vida de ensueño... Mis ojos se llenaban de lágrimas al ver como se me iba, como el reloj que desgasta las horas que no vuelven más.
--- ¿Mamá?-- me dijo con su vocecita quebrada. --- ¿Tu sabes como es Dios?---
Su pregunta hizo que se me formara un nudo en la garganta, pues nadie mejor que yo sabía que encontrar un corazón de su tamaño era muy remoto, y que lo inevitable podría ocurrir en cualquier momento. Ya había sido sometida al defibrilador en varias ocasiones, y el médico nos había adelantado que probablemente su corazoncito no resistiría otra vez más, y que por ende había que estar preparados para la despedida. ---Hmm, pues se dice que Dios es un ser muy bueno y lleno de amor, pero en realidad no se sabe cómo es porque nadie nunca lo ha visto--- Respondí, aunque no muy convencida de lo que decía, pues yo había perdido mi fé el día que Maggie había caído enferma, y dudaba aún de que tal Dios existiera. ¿Cómo podía un Dios así permitir que una niña tan buena e inocente como mi Maggie se estuviera muriendo? ¿Qué había hecho ella para merecerse algo así? Buscaba inútilmente respuestas a mis preguntas, pero no las encontraba. --- Pues yo ya lo he visto--- me dijo Maggie, muy convencida y feliz. --- ¿Y sabes una cosa? Tiene ojitos de mezclilla.---
La señora de la limpieza pasaba cada tarde, alrededor de las seis, a la hora que Maggie veía sus caricaturas de Bob Esponja y tomaba su cena. Era un viernes, y la mujer no pasó por el cuarto de Maggie, pero en su lugar, mandaron a un buen hombre, que se veía cansado al caminar. En ese momento, mi celular empezó a timbrar y me apresuré a salir del cuarto para tomar la llamada. Era el doctor Ibáñez, para informarnos que había un corazón disponible para Maggie.
Una vez que terminó de limpiar, el hombre salió del cuarto y lo menos que pude hacer fue devolverle una sonrisa de gratitud, y al observar su rostro arrugado, me dí cuenta que tenía unos ojos de un azul brillante, que no correspondían con la edad que aparentaba. Sentí una calma que desde el día que Maggie enfermó no había sentido.
No sé si ese hombre era hombre era el mismo que Maggie vio, y que en su imaginación confundió con Dios. No lo sé. Lo que si sé, es que a través de la enfermedad de mi Maggie, volví a ser un ser humano, y no un robot que hace las cosas automáticamente. Volví a ver la alegría en las cosas pequeñas, y a atesorar los buenos momentos. Ese hombre, con los ojitos de mezclilla, me había devuelto a mi Maggie, pero sobre todo, me había devuelto la fé.
Inspirado en el libro "A Change of Heart" de Jodi Picoult
---¿Puedes oírlo?-- Me dijo, dibujando una sonrisa amplia en su boca. -- Eso significa que aún tiene vida, aunque a veces late al ritmo que le place... Pero pronto me traerán uno mejor, ¿verdad?--
Yo no dije nada, sólo asentí con la cabeza y le regresé una sonrisa de falsa aprobación.
Al día siguiente, dos enfermeras entraron a su cuarto como cada mañana desde hacia, Dios, desde hacia ya varios meses. Una de las enfermeras revisó los signos vitales, mientras que la otra se encargaba de arreglar su cama y ayudarle a tomar un baño, que con el paso de los meses, una actividad tan normal para cualquier ser humano resultaba agotadora para ella. Sus pasitos eran lentos y cansados; yo observaba su figura frágil y pequeña y, aunque trataba de animarla y ponerme mi disfraz de todo va a estar bien, por dentro estaba deshecha. El sólo hecho de pensar que aquella niña tan delicada, como sacada de cuento, no podría vivir su vida de ensueño... Mis ojos se llenaban de lágrimas al ver como se me iba, como el reloj que desgasta las horas que no vuelven más.
--- ¿Mamá?-- me dijo con su vocecita quebrada. --- ¿Tu sabes como es Dios?---
Su pregunta hizo que se me formara un nudo en la garganta, pues nadie mejor que yo sabía que encontrar un corazón de su tamaño era muy remoto, y que lo inevitable podría ocurrir en cualquier momento. Ya había sido sometida al defibrilador en varias ocasiones, y el médico nos había adelantado que probablemente su corazoncito no resistiría otra vez más, y que por ende había que estar preparados para la despedida. ---Hmm, pues se dice que Dios es un ser muy bueno y lleno de amor, pero en realidad no se sabe cómo es porque nadie nunca lo ha visto--- Respondí, aunque no muy convencida de lo que decía, pues yo había perdido mi fé el día que Maggie había caído enferma, y dudaba aún de que tal Dios existiera. ¿Cómo podía un Dios así permitir que una niña tan buena e inocente como mi Maggie se estuviera muriendo? ¿Qué había hecho ella para merecerse algo así? Buscaba inútilmente respuestas a mis preguntas, pero no las encontraba. --- Pues yo ya lo he visto--- me dijo Maggie, muy convencida y feliz. --- ¿Y sabes una cosa? Tiene ojitos de mezclilla.---
La señora de la limpieza pasaba cada tarde, alrededor de las seis, a la hora que Maggie veía sus caricaturas de Bob Esponja y tomaba su cena. Era un viernes, y la mujer no pasó por el cuarto de Maggie, pero en su lugar, mandaron a un buen hombre, que se veía cansado al caminar. En ese momento, mi celular empezó a timbrar y me apresuré a salir del cuarto para tomar la llamada. Era el doctor Ibáñez, para informarnos que había un corazón disponible para Maggie.
Una vez que terminó de limpiar, el hombre salió del cuarto y lo menos que pude hacer fue devolverle una sonrisa de gratitud, y al observar su rostro arrugado, me dí cuenta que tenía unos ojos de un azul brillante, que no correspondían con la edad que aparentaba. Sentí una calma que desde el día que Maggie enfermó no había sentido.
No sé si ese hombre era hombre era el mismo que Maggie vio, y que en su imaginación confundió con Dios. No lo sé. Lo que si sé, es que a través de la enfermedad de mi Maggie, volví a ser un ser humano, y no un robot que hace las cosas automáticamente. Volví a ver la alegría en las cosas pequeñas, y a atesorar los buenos momentos. Ese hombre, con los ojitos de mezclilla, me había devuelto a mi Maggie, pero sobre todo, me había devuelto la fé.
Inspirado en el libro "A Change of Heart" de Jodi Picoult
9 de junio de 2009
5 de junio de 2009
Deseos de cosas imposibles
Quiero despertar cada mañana y sentir el nuevo día sobre mi piel,
quiero que mis tardes sean nubladas y ver la lluvia caer,
quiero noches de luna llena, y estrellas que bailen al compás de una canción.
Quiero mirar atrás sin que duela, sin que sienta ganas de llorar,
quiero ver hacia al futuro confiada, sin temor al que será,
quiero vivir mi presente, y no sólo observar.
Quiero soñar, bailar y jugar, caminar descalza sobre la arena,
quiero mirarme en tus ojos y sentir una paz serena,
quiero sentir que somos eternos, y que el buen tiempo jamás se irá.
Quiero latir al ritmo de tu corazón, y dejar en tu abrazo mi anhelo,
quiero ser la niña de tus ojos y objeto de tus deseos,
quiero que juntos caminemos hasta el fin del universo.
quiero que mis tardes sean nubladas y ver la lluvia caer,
quiero noches de luna llena, y estrellas que bailen al compás de una canción.
Quiero mirar atrás sin que duela, sin que sienta ganas de llorar,
quiero ver hacia al futuro confiada, sin temor al que será,
quiero vivir mi presente, y no sólo observar.
Quiero soñar, bailar y jugar, caminar descalza sobre la arena,
quiero mirarme en tus ojos y sentir una paz serena,
quiero sentir que somos eternos, y que el buen tiempo jamás se irá.
Quiero latir al ritmo de tu corazón, y dejar en tu abrazo mi anhelo,
quiero ser la niña de tus ojos y objeto de tus deseos,
quiero que juntos caminemos hasta el fin del universo.
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