Le miraba pasar todos los días a la misma hora.
Con su pelo plagado de canas, de unas canas con historia,
de historias que parecían interminables.
En sus ojos se reflejaba la inmensidad del azul del mar,
un mar del que muchas veces había sido amo y señor.
Caminaba encorvado mientras las hojas secas caían a su paso
y parecía como si fuesen años los que le cayeran encima.
Y es que la vida no pasa en vano, a todos cobra su factura tarde o temprano.
Y se sentaba en la misma banca del parque, viendo jugar a los niños,
viendo como sus juegos infantiles le hacían olvidarse a veces de su realidad,
como si ya no tuviera prisa, como si ya no hubiera más que esperar.
De cuando en cuando soñaría con los grandes barcos en altamar,
de su tiempos de capitán, y de las playas que hubo de visitar.
Y el señor de los helados habría de sonar su campanilla.
Sabe, buen hombre? Le compraría un helado de vainilla,
como tanto le gustaban a ella.
Pero mi Rosita siempre decía que se acerca ya el tiempo de
lluvias, y no me vaya yo a resfriar.
Le miraba todos los dias.
ResponderBorrarDias, a la misma hora.
Horas, que llenaban su cabeza.
Cabeza, llena de canas.
Canas, llenas de historia.
Historias, que eran interminables.
Interminables, como el azul del mar,
Azul del mar, como sus ojos.
Ojos que fueron amos.
Amo, que fue amado.
Caminaba encorvado, cual hoja seca.
Hoja seca, que caía a su paso.
Pasos que duraban años.
Años, que le caían encima.
Encima de su espalda,
espalda que habia vivido,
una vida que cobraba su factura...
Gracias por mejorar mi poema ;)
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