18 de marzo de 2009

Baile de señoritas

Sabes algo?

No te sorprenda que uno de estos días abras la ventana
y no encuentres a ese ruiseñor que te cantaba todas las mañanas.
Tal vez se haya hecho viejo, o tal vez este cansado.
O simplemente haya llegado el invierno.

Porque cuando el invierno llega, todas las cosas se ponen frías y tristes,
si, hasta el pobre corazón del ruiseñor. Su límpido trinar deja de ser parte de tus mañanas, así como el correr de su sangre deja de ser parte del rosal al que da vida.
Ese rosal ya no da flores, porque falta el canto del pájaro, latidos de su puro corazón para teñirse de sangre.

Y al no haber rosa roja, no habrá baile. Porque ella lo único que quería era una rosa roja, recuerdas?

Y al no haber baile, el ruiseñor entonces habrá muerto en vano. Habrá muerto en nombre de un amor que tú decías sentir y que jamás existió. Y esa joven insensible por la cual decías sentir un amor profundo, no te recordará, es mas, ni siquiera volverá a pensar en ti.

Y tú dirás: “que cosa más absurda es el amor,” y regresarás a tus libros de filosofía y metafísica, pues al menos son más prácticos que un ridículo baile de señoritas.

No te sorprenda que el ruiseñor se marche tal vez a tierras lejanas, a un lugar donde sea siempre primavera. Y el ruiseñor cantará de día y noche. Y el rosal no espinará el corazón del ruiseñor, pues no necesitará de su sangre para teñirse de rojo. Y alguien podrá bailar a la luz de la luna con una chica que no necesite de una rosa para bailar, o de un joven que no necesite de un ruiseñor para enamorarse.

No te sorprenda.

1 comentario:

  1. http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/12037409999086946970513/p0000001.htm#I_1_

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