4 de noviembre de 2010

Como sacado de las noticias

Traté de pensar en diferentes formas de escribir este post, porque ese es mi propósito, presentar cachitos de realidad en una forma más palatable. Pero en esta ocasión no se me ocurrió nada para presentar mi historia en una forma menos cruda, menos ultrajante. Una realidad que ofende y que da pena, que es capaz de enrabiar hasta al más santo. Cuando comencé a escribir este blog, nunca tuve cómo propósito criticar ni al gobierno ni a las instituciones públicas; simplemente la política no es algo que se me da muy bien.

La injusticia social es algo de lo que he estado consciente desde que tengo uso de razón. Simplemente la palabra injusticia me molesta, y el uso de la misma en una sociedad puede resultar desastroso. El hecho de que unos pocos tengan mucho y que muchos tengan muy, pero muy poco es un problema con el que varios países en vías de desarrollo han tenido que lidiar desde siempre.

Y uno de ellos es México. Y me refiero particularmente a este país porque ahí fue donde crecí, donde he pasado memorables momentos, donde conocí a mucha gente buena, y donde tengo a mi familia y a gran parte de mis amigos. Y es por ello que me entristece profundamente la terrible situación por la que la sociedad mexicana está atravesando.

 Hace varios días, un comando armado de una ciudad conocida por sus altos índices de violencia, invadió una institución educativa asesinando a varios estudiantes, entre ellos un hijo de un amigo cercano de la familia.  Un joven estudiante, a punto de graduarse de la universidad vio truncados sus sueños gracias al crimen organizado.  Una persona llena de vida y de ilusiones, una persona que fácilmente pude haber sido yo.

 ¿Qué respuesta se le da a los padres de este joven? ¿Con qué razones qué se justifica su asesinato, y el de miles de personas inocentes que han muerto en nombre de una lucha inútil contra el narcotráfico? ¿Qué se necesita hacer para que hechos lamentables como éste dejen de suceder?

La respuesta es bastante complicada, puesto que éste es un problema de raíz. Se dice que el propósito de un buen gobernante es el poder rendirle cuentas al pueblo por el trabajo realizado. Y un gobierno es el pueblo unido para el bien común, porque como seres sociales necesitamos vivir en sociedad para evitar matarnos los unos a los otros. Entonces me pregunto, ¿de qué nos sirve un gobierno que no está cumpliendo con su propósito más fundamental?

Aunque tal vez el problema sea más profundo de lo que pensamos. La familia es la base de la sociedad, donde deben de asentarse los prinicipios y valores universales que rigen a todo ser humano. Si bien no del todo perfecta, una familia debe permitir a un individuo desarrollarse plenamente en una sociedad, siéndole útil a la misma para fomentar el bien común. El bien común debe ser el propósito de un gobierno. Si la familia falla, la sociedad falla. Si la semilla no ha sido plantada, el árbol simplemente no crece. Y este es el problema que no solamente está acabando con la sociedad mexicana, sino con el mundo entero.

Y es en el núcleo familiar donde se desarrolla la corrupción, la violencia, la avaricia; pero es también en la familia donde se siembran los principios fundamentales para que la sociedad pueda vivir en armonía. Decía Gandhi: 'Ojo por ojo, y el mundo se quedará ciego,' y es bien sabido que la violencia sólo puede engendrar más violencia, al punto de llevar a una nación entera al declive. Y como mencioné anteriormente, puedo no saber mucho de política, pero sí se que para rescatar nuestra sociedad debemos primero analizar los cimientos que la construyen.

18 de octubre de 2010

La silla

Los segundos transcurren lentamente cuando uno espera. Y se hacen aún más eternos cuando uno está solo, sin más compañía que una silla al lado en una sala de hospital. Y así estaba aquella niña, leyendo un libro de pastas ilustradas con mágicos paisajes y y un separador de páginas con la imagen de un búho. Allí, ella hacía el máximo esfuerzo por  leer el último libro de Harry Potter mientras mirando por debajo de sus anteojos, escuchaba los estruendosos taconazos de la exótica secretaria, que con voz chillante y gangosa salía de cuando en cuando de su cubículo a llamar a alguien.

Maribel, una joven alta y de aspecto lánguido, sentía en cambio que la vida se le iba rápidamente de las manos. Tanto ir y venir la estaba cansando, y el ocuparse sólo de agradar a los demás no le dejaba tiempo para vivir. Y aún así, sonreía como si nada pasara,  como si la vida no doliera, y caminaba al compás de la enfermera por los sombríos pasillos de aquel enorme hospital. Era una fría mañana de invierno, y el sol apenas se empezaba a asomar por los grandes ventanales de aquel lúgubre sitio.

Una silla vacía. La única en esa salita de espera.  En ese lugar repleto de gente, gente desaliñada y sin desayunar, gente que tal vez ni siquiera durmió en su casa. Gente que tal vez ni siquiera tiene una casa...
Y al sentarse en la silla vacía, al lado de la niña del libro de cubiertas coloridas, Maribel se sintió confortada. A pesar de estar entre tanta gente, tanto ruido, tanta enfermedad, ella estaba sola, sola en aquella silla fría que de solo sentarse duele la espalda. Pero aunque tantas veces ella había pasado por lo mismo, no podía acostumbrarse al dolor. Ella no importaba allí, pues cada quién estaba ocupado en llorar su propia desdicha.

A pesar de todo, Maribel respiró con alivio. Aunque sin hablar, de cuando en cuando la niña de al lado la miraba de reojo, y Maribel sentía un sosiego en su alma. La consolaba el saber que la niña estaba allí, en ese lugar poblado de gérmenes y desgracias, y no en la escuela como todos los demás niños.

Y aunque ambas estaban ahí por diferentes razones, unían sus corazones en el mismo dolor. Dolor físico, dolor del alma. Dolor de muelas, dolor por la falta de esperanza. Dolor de niña, dolor de mujer. Al fin y al cabo dolor, y no por eso más o menos importante. Dolor en sí, dolor incomparable.

Y dio gracias a la silla, por unirlas allí, en esa fría sala de hospital.

1 de octubre de 2010

Ciao, ciao. Adiós

Se fue con el corazón roto y con dos lágrimas en los ojos. -No llores, pequeña- me apresuré a decirle. Y ella estaba llena de rabia, de dolor, se sentía traicionada. Marcos había sido su primer amor y en quien había confiado ciegamente. El primer amor de adolescencia, el despertar a su juventud.
-No merece la pena que le llores así. Pronto encontrarás a alguien que te hará feliz, pues quien es digno de tus lágrimas jamás te haría llorar-
Se secó la cara con el dorso de la mano y se fue apresurada, ante la vergüenza que le producía que la vieran toda desaliñada.

Todo pasa, decía mi abuela. El tiempo cura hasta las más profundas heridas. Es mejor saber decir adiós a tiempo que lamentar haberse conocido.

Always on my mind

27 de julio de 2010

Todo depende del lugar donde te encuentres

Hace unos momentos, el almuerzo que suelo disfrutar con tanta tranquilidad no me supo igual.  Mi ensalada no sabía bien, mi hamburguesa la fui comiendo con dificultad. Y no porque mi comida tuviera nada de raro, sino porque no puedo disfrutar de un almuerzo sabiendo que las manos que lo prepararon fueron las manos de un 'ilegal'.

Hace ya varias semanas que los vecinos se mudaron. Vendieron lo poco que les quedaba y decidieron partir.  Se fueron todos, mamá, papá, los niños y hasta el perro. ¿A dónde se fueron? Se fueron a un lugar donde se pueda respirar y donde buscar una vida mejor no sea 'ilegal'.

No se mucho de política, ni tampoco de economía, ni muchos menos tengo una varita mágica que pueda resolver los problemas de este mundo enfermo. De este mundo sucio, donde para subir hay que primero pisar al de abajo. Donde lo malo que sucede, y los trabajos que se pierden es siempre culpa de un 'ilegal'.

 A leguas se nota que María se 've' diferente,  habla diferente y tiene costumbres diferentes. De cuando en cuando le preguntan en la calle que si 'de donde es', a lo cual ella responde 'yo soy de allá'. Pero nadie se salva. A los de aquí y a los de allá nos toca la misma pregunta: ¿A dónde iremos al morir? ¿Nos quedaremos aquí o nos iremos pa' allá?


Hope for poor children!


Fotografia original © clicking

6 de julio de 2010

Por si la vida nos alcanza

La última entrada que subí a este blog decía que estaría pronto de regreso. De eso ya hace un mes. Nunca pensé que ese 'pronto' se convertiría en treinta largos y calurosos días. Pero como tantas otras cosas, el tiempo también es relativo.
He tenido tan abandonado el blog que a veces dudo que haya alguien que aún esté siguiendo las ideas que salen de esta cabeza desordenada. Aunque no faltará el visitante que siempre fiel, volverá cada día con la esperanza de encontrar señales de vida de su blogger. Pero el tiempo no pasa en vano. Siento como si la última vez que escribí el último post hubiese sido una eternidad, tal y como viejos amigos que han perdido contacto por años y que cuando se reencuentran no saben que decirse. Así me siento hoy, sabiendo que tengo mucho que contar pero sin saber por donde empezar.
El tiempo siempre ha sido uno de los misterios que más me ha fascinado y del cual quisiera poder tener control absoluto. No del tiempo de los demás, sólo del tiempo mío y de hacer con él lo que me plazca, como por ejemplo, poder archivar los mejores momentos y tocarlos una y otra vez, como si fuera un disco de vinil en un tocadiscos o una vieja canción en una guitarra nueva. O borrar los días amargos de la existencia de uno y reciclarlos por días nuevos y mejores.
Algunos dicen que Dios es el dueño del tiempo, porque Él vive en la dimensión de la eternidad. Eternidad, un concepto que me cuesta trabajo descifrar. Mientras tanto, nuestros días pasan. Nunca sabremos el secreto, mas tal vez un día llegaremos a ser eternos. Por lo pronto, encarguémomos de aprender vivir, por si la vida nos alcanza.

20 de abril de 2010

Flores amarillas

Siempre sentiste una extraña fascinación por esos seres que no se mueven, que te escuchan cuando piensas, que te hablan cuando escuchas. Las cuidabas con esmero, como si de ti dependiera su existencia. Y en una palabra, esa era tu vida, poner en cada cosa que hacias un pedacito de ti, dejabas una huella imborrable de tu presencia. Quiza por eso es tan difícil decir adiós. Porque cuando dejas una parte de ti en cada paso que das, en cada mirada, cada gesto, es imposible mirar atrás y no sentir que se han llevado una parte de lo que has sido.
Y te preguntas porque tiene que ser así, porque todo lo bueno tiene que tener un final. Porque no podemos ser niños siempre y comer helado en el desayuno y caramelos en la merienda. Porque se tiene que ser bueno para poder recibir un premio. Porque se tiene que morir para poder llegar al cielo.
Hay cosas que no entiendo, y que no estoy segura si en realidad quisiera saber. Sólo espero que donde tu vayas, algún día tambien yo ire.


22 de marzo de 2010

Bienvenida, Prima Vera!


"Era realmente maravilloso lo que estaba viendo. En el rincón más lejano del jardín había un árbol cubierto por completo de flores blancas. Todas sus ramas eran doradas, y de ellas colgaban frutos de plata."


 
Recuerdo que de pequeña solía leer en los libros de texto infinidad de poemas dedicados a la primavera. También recuerdo que en ellos se le hacía alusión a la prima 'Vera,'  como si fuera un personaje de cuento. Aunque confieso que las ilustraciones nunca se parecían en lo más mínimo a lo que yo me imaginaba cuando los leía. Mis visiones de tales cuentos siempre parecían ser un poco más extravagantes.

De cualquier manera, la primavera es mi estación preferida del año. Me encanta ver todas las cosas que empiezan a florecer, nacer, crecer, ponerse lindas; todo es una fiesta de colores, olores y sonidos. Es la forma que tiene la naturaleza de reinventarse.

La frase de arriba pertenece a uno de mis autores favoritos, Oscar Wilde.  El cuento se llama El gigante egoísta, y lo pueden leer aquí. Me pareció que iba con la ocasión, puesto que nos recuerda cómo hasta los corazones de hielo son capaces de derretirse con un gesto de bondad.

10 de marzo de 2010

Tardes de invierno

Si algo bueno tiene  el invierno, es el poder sentir esa sensación de confort que nos da una buena taza de humeante chocolate, o un plato de una deliciosa sopa caliente. Esa sensación de letargo al ver que todas las cosas afuera están como en una especie de pausa, esperando los cálidos rayos de sol que traerá consigo la primavera. En mi rincón del mundo, nuestros inviernos son muy cortos, y rara vez tenemos temperaturas lo suficientemente bajas como para sentarse alrededor de una chimenea encendida. Por eso, en días como hoy en los que precisamente llueve mientras escribo, es una noche perfecta para preparase una buena taza de té caliente y sentarse disfrutar de los últimos días de invierno. En otro tiempo hubiese estado desesperada por que la primavera llegara lo antes posible; hoy me siento a disfrutar las cosas sin tratar de adelantarme a los hechos. 
¿A ustedes les gusta el invierno?








¿Qué tal una sopa caliente? Me encantaría decir que estas fotos son de hoy, pero por eso de las prisas les comparto estas fotos de mi cena de días pasados. Sopa de tomate :)

8 de marzo de 2010

Las pequeñas cosas

En ocasiones, la vida nos alcanza y tardamos más en tratar de descifrar lo que ella quiere de nosotros que en disfrutar del viaje. Sí, en ese punto me he encontrado últimamente, de igual forma que me imagino les ha sucedido a ustedes. Si todavía están ahí y siguen pendientes de este blog, les envío un caluroso saludo desde acá. Si eres nuevo a este blog, bienvenido a bordo. Como les decía, he estado un poco ocupada, pero siempre haciendo cosas diferentes (e interesantes) que espero poder compartir con ustedes. Tal vez limite las historias y cuentos un poco, debido a que para poder crear necesito tiempo y una mente despejada, cosas que no ocurrirán tan fácilmente al mismo tiempo. He decidido hacer este espacio un poco más personal, al menos temporalmente. De ahora en adelante les compartiré un poco de situaciones interesantes, divertidas y tristes que ocurren en el lugar menos inesperado. Como cuando caminamos por la calle y sonreímos sin motivo aparente alguno, porque recordamos a alguien, o a algún momento que nos hizo feliz. ¿Les ha pasado? Espero compartirles esas pequeñas cosas que ocurren en nuestro diario caminar y que nos hacen ser quienes somos y estar donde estamos. Porque son las pequeñas cosas las que hacen una gran vida.

 




Me encantaría saber tu opinión acerca de los cambios a este blog. Tengo varias cosas en mente, pero se las iré haciendo saber poco a poco. Por lo pronto díganme: 


¿Cuáles son las pequeñas cosas que llenan tus días?