Pero así habían pasado interminables días, incontables meses, largos, largos años... Y aquella hermosa mujer de los cabellos dorados como las hojas de los imponentes robles no volvía. Y aunque apenas era otoño, ya las nieves del tiempo empezaban a poblar las sienes de aquel apuesto caballero que un día jugaba cándidamente a ser galán.
No quedan días de verano, se decía a sí mismo. Pero mi musa de piel de alabastro tal vez regrese con el otoño.
Las calles empezaban a convertirse en un tapete de matices naranja y ocre. Tal vez un poco de mostaza y varias hojas púrpura de maple. Cada paso que la gente daba era un crujir constante. Niños felices, parejas besándose.
Tal vez un día regreses, hermosa niña. Y de una gabardina fea y gastada sacaba una imagen arrugada de una bella mujer, y la besaba con desesperación. Los ojos se le llenaban de lágrimas, lágrimas tibias y saladas que inundaba los surcos de sus mejillas.
Era preferible engañar a la memoria que renunciar al recuerdo de lo que nunca más será.
Tal vez regrese con el otoño, o quizá con el invierno. Aunque aún queda una primavera y otro verano por esperar. En otro otoño desesperaré y si no vuelve para ese invierno, tendré que ir por ella.
ResponderBorrarSaludos.
Gracias por tus comentarios, que son siempre bienvenidos en este blog. Pensé que sería buena idea celebrar la llegada del otoño con una de mis historias románticas, que hace mucho no visitaban este blog.
ResponderBorrarY que los vientos del otoño se lleven todas nuestras tristezas, y que nos traigan amores nuevos, nos traigan historias de amor y que no nos falten más.
ResponderBorrarSalud por eso.
Esperar una eternidad recordando e imaginando, en vez de aceptar la realidad de una cercanía aparentemente improbable o imposible.
ResponderBorrarLindo post :)
Besos Eternity
La gran mayoría de las veces ese es el mayor problema. Esperar, y esperar, siendo ciegos a una realidad que es más palpable y que está al alcance de nosotros. Gracias por tu comentario, Kike.
ResponderBorrarBesos,
Nieves :)