Tal vez era mejor que desistiera de su sueño y se dedicara a morir en la profunda soledad del viento. Tal vez la dirección de su brújula no fuesen las lejanas montañas azules sino esos amarillos desiertos de arena infértil y dolorosa.
Ya no lucharía más. El viento del este le golpeaba despacio la cara, como si con esos pequeños bofetones le insinuaran que era un débil por derrotarse ante los hechos. Pero el hijo del comerciante estaba cansado de luchar. Él debía ser quien salvara a su padre y a su familia de los escarnios de una sociedad de hierro, que desmorona vidas con tajantes espadas de cristal. Si, mejor sería quedarse y salvar el honor de su padre.
El hijo del comerciante sufría ante la idea de tener que quedarse en ese lugar árido y desierto. El corazón se le oprimía cada vez que pensaba en renunciar a sus hermosas montañas azules, pero le consolaba saber que el sacrificio tal vez un día lo agradecerían los suyos...
Con lágrimas en los ojos y un corazón desolado, el muchacho se dirigió a visitar al viejo sabio de la tribu; tal vez éste pudiera darle un poco de fortaleza ante lo que debía hacer. Aunque ya el sol empezaba a caer, su frente aún se llenaba de perlas de sudor que le corrían hasta el cuello. Levantó despacio la pesada tela que cubría la entrada de la casa de campaña del viejo sabio, y se sentó sobre un elegante cojín bordado con brillantes cuentitas de colores.
- No hace falta que me digas que te ha traído hasta aquí,- murmuró en una voz tranquila el viejo de las barbas blancas. -los latidos del viento me lo han contado todo.-
-Pero entonces, ¿qué debo hacer, sabio maestro?- replicó el muchacho con voz temblorosa.
-Escucha con atención a tu corazón.
-¿Cómo es que puedo hacer eso si nunca puedo encontrar el silencio?
-Manda callar a esos demonios que silban en el viento y que te corren por la sangre. Esos silbidos impacientes que entorpecen tu vista y nublan tus sentidos. Los años fluyen como ríos; la desgracia permanece.
Y sin decir ni una palabra más, el viejo sabio le dio la espalda al muchacho y empezó a inhalar desde una gran pipa de madera rojiza.
A la mañana siguiente, una suave brisa cubría los alrededores, a pesar de que el tormentoso verano acababa de empezar. La gente de la ciudad se dio cuenta de que esa brisa provenía de las montañas, y a lo lejos podía observarse la menuda figura de un hombre. Era el hijo del comerciante, que había escuchado de cerca su corazón, y cuya felicidad inundaba los alrededores.
Dando en el punto, mujer.
ResponderEliminarTe contaría una historia, pero la enseñanza ya la escribiste.
Saludos.
Qué te pareció la decisión del muchacho? Hubieras hecho tu lo mismo en su lugar?
ResponderEliminarY en cuanto a la historia se refiere, soy toda oídos.
Supongo que una noche en éste caso fué suficiente. Supongo que el muchacho acertó en su decisión.
ResponderEliminarPero, qué fué lo que lo llevó a decidir de esa manera?
Hablo de las presiones exteriores, y trato de plasmarlo en 'Ley natural' aunque algo abstracto, ya me conoces.
Es una historia simple, pero que tiene mucho que ver con las decisiones propias, las influencias y sobre saber tomar la mejor decisión o la 'menos peor'.
Saludos.
Héctor, lo que quise reflejar es que el muchacho renunciaría a su sueño por algo que no tenía remedio. Las presiones? más que nada son tus demonios interiores, porque aunque la gente te juzgue, nadie puede hacerte daño si tu así no lo quieres. Creo que el muchacho fue muy valiente para ir en contra de esos demonios, y no lo considero un ingrato, porque muchas veces no está en nosotros resolver los problemas que se vienen cargando desde hace siglos. El muchacho sabía que esa era su oportunidad, y la aproevechó. Hubiera sido muy infeliz de haber sucedido lo contrario.
ResponderEliminarEn mi historia, el personaje no tuvo la oportunidad de dejarlo todo y comenzar de nuevo.
ResponderEliminarEn mi historia las opiniones de los mirones intimidaron al personaje.
Quizá aún le queden cosas por aprender, quizá aún le falte un poco por madurar.
A veces, perseguir sueños es bueno, a veces es lo peor.
A veces estamos tan alejados de conseguir nuestro sueño que ni siquiera tratamos de hacerlo, que las opiniones tachan todas nuestras expectativas y cierran todas las puertas.
A veces comenzamos un poco tarde, cuando algunas oportunidades ya hemos perdido o cuando las fuerzas y la rebeldía de la juventud ya no nos alientan tanto como al principio.
Son diferentes situaciones.
Saludos.