21 de diciembre de 2009

A veces es bueno llorar

Si en estos momentos estás leyendo mi blog, primero que nada, gracias por tu tiempo. Segundo, si has venido siguiendo mi blog en estos últimos meses, te darás cuenta que no he publicado historias recientemente y que este no es en realidad un blog personal, donde hablo de las intimidades de mi vida directamente. Simplemente me es difícil hablar de cosas personales por este medio, donde cualquiera puede tener acceso a mi vida, pero de cualquier manera al leer un blog (y seguirlo) lo hacemos por la mera razón de que hay algo del autor con lo que nos identificamos o que sencillamente nos llena el ojo. En esta ocasión sentí la imperiosa necesidad de no  presentarte otra de mis historias, puesto que tu puedes interpretarlas de la manera que mejor te parezca y adaptarlas a tu vida a tu modo. En esta ocasión yo soy protagonista de mi propia historia, y también quiero hacerte parte de ella.
Estamos en una época del año que a muchos de nosotros nos vuelve un poco más sensibles de lo normal. El año está por terminar y nos toca hacer un recuento de lo bueno y malo, de lo que ganamos y lo que perdimos. Así, tal y como si estuviéramos haciendo el balance de nuestras finanzas personales, donde espero que las ganancias hayan sido mayores que las pérdidas. Pero tu podrás decir, ¿qué es eso de las finanzas personales? Tócate el corazón y pregúntate si eres feliz,si tienes todo lo que necesitas para serlo. Podrás pensar, me faltan regalos para los niños, o me falta un buen vestido para estas fiestas, o estoy lleno de deudas y si las pudiera pagar entonces sería completamente feliz. Pero después están los gastos del año que viene, pagar los odiosos impuestos y blah, blah, blah. Como te darás cuenta, la lista no terminará nunca, porque estamos tratando de recoger ganancias en el banco equivocado. Ese banco puede declararse en bancarrota en cualquier momento, puesto que los bienes son cosas de poco valor. Si, el carro deportivo último modelo que le regales a tu hijo por su cumpleaños es uno de los objetos en el mercado personal que vale unos cuantos centavos. Porque mientras el banco del corazón esté repleto de amor, nunca se girarán cheques sin fondos para un alma sedienta de cariño.
No sé mucho de finanzas en la vida real, pero esta es la mejor analogía que puedo usar en este momento. Estos últimos meses han sido meses de muchas pruebas, de mucho aprendizaje. Pero no me refiero al ámbito académico. Me refiero al aprendizaje que nos da la vida, que por más instrucción formal que tengamos, si tenemos un corazón mal instruido en amor, en perseverancia -en las virtudes humanas esenciales-  seguramente estamos destinados al fracaso. Y ¿qué nos queda vivir? Una vida vacía, sin propósito y sin dirección.
Continuando con mi historia... Les decía que lo dejé todo en manos del tiempo, como si el tiempo pudiera resolver mis problemas. Y los meses pasaron, y volví la vista y lo que había dejado sin arreglar seguía ahí, y me estaba esperando. Algunas veces toma una llamada, una carta, una visita, unas cuantas palabras... y todo eso que se venía acumulando desde hace años queda eliminado. Es como deshacerse de toda la basura que guardamos, y que obtengamos un premio a cambio por hacerlo.
Creo que aprendí mi lección. Y si algún día la olvido, espero que alguien esté ahí para recordarme. Usen de pretexto estas fechas para decirle a esa persona lo que sienten; para pedir perdón o para decirle lo mucho que le quieren. No le dejen todo el trabajo al tiempo, pues el tiempo cobra intereses muy caros. No malgasten sus preciosos minutos en cosas que no valen la pena. No esperen a que sea demasiado tarde.

Felices fiestas! 

16 de diciembre de 2009

El jardín

Muchas situaciones hubieron de pasar para poder llegar hasta donde estamos. Muchas de ellas jamás las imaginamos posibles, y tantas otras que esperábamos aún están por ocurrir.

Fuimos producto de la semilla plantada en diferentes lugares, pero provenientes de la misma mano.
Crecimos en jardines distintos y nuestros fines fueron diferentes.

Hasta que vine a parar en el borde de tu ventana.

Entonces empecé a ser parte de tu vida, aunque tu de la mía siempre lo habías sido.
No eramos iguales, éramos más bien completamente diferentes.

En el jardín había esas rosas rojas que al instante llaman la atención por su porte y su color.
Pero también tenían espinas.
Del otro lado había dientes de león, frágiles a la vista, capaces de desaparecer ante el más mínimo soplo. 

No podía esperar para decirte que había esperado ese momento desde siempre.
Entonces supe que todo ese tiempo algo nos había unido.
Y desde ese momento supe que nuestras vidas serían diferentes.

A veces la gente se encarga de esparcir los pequeños fragmentos del diente de león, a manera de deshacerse de él. Pero no cuentan con que al esparcirlo no desaparece, sino que está siempre presente, por todas partes. 

Pero somos hijos de la misma tierra, sembrados por el mismo jardinero.

Y me alegro de haber estado allí cuando volviste con el corazón roto.
Sólo toma mi mano, y confía en que todo estará bien.